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Iberdrola “descarga” vida en un manglar mexicano

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México ocupa el quinto lugar mundial por extensión de manglares, tras Indonesia, Brasil, Nigeria y Australia, con un total de 765.000 hectáreas, casi la misma superficie terrestre de la isla de Puerto Rico.

Según la Comisión Nacional para el Conocimiento y uso de la Biodiversidad (Conabio), México ha perdido entre 1970 y 2010 alrededor del 10 por ciento de sus manglares mientras que a nivel mundial en las últimas dos décadas se ha destruido el 35 % de la superficie de estos bosques pantanosos, de inmensa riqueza natural.

Con estos datos en la mente, investigadores de la Universidad Autónoma de Tamaulipas buscaron en 2003 el apoyo de Iberdrola para iniciar la recuperación del llamado “Estero del Arroyo Garrapatas”, un humedal costero de 40 hectáreas, ubicado en el Puerto de Altamira y cuya biodiversidad se había perdido en la década de los 70 debido a la construcción de un gasoducto.

El ducto interrumpió el flujo de las mareas, cortó la llegada de las aguas marinas al estero y provocó con ello la desaparición del mangle y de este especial ecosistema, que se cree alberga a dos terceras partes de las especies de peces del mundo.

Los técnicos de la universidad lo vieron claro cuando supieron que Iberdrola iba a construir en el Puerto una central termoeléctrica y que planeaba usar el agua marina en las torres de enfriamiento. Tras lograr la autorización de la Administración Integral Portuaria de Altamira (API-ALT), los investigadores iniciaron un proyecto conjuntamente con Iberdrola para que el agua de mar, en lugar de descargarse directamente a la dársena del puerto como es habitual, se devolviera al estuario para salinizarlo de nuevo y poder iniciar la recuperación de este hábitat.

Comprometida con el medio ambiente y la sostenibilidad, Iberdrola aceptó inmediatamente la propuesta y realizó en 2003 las obras necesarias para que el agua destinada al enfriamiento de la planta se descargara en el estuario a través de una tubería con varios distribuidores de salida que permitían un aporte de agua al manglar más homogéneo. Adicionalmente, Iberdrola asumió los costes de la reforestación de mangle y las campañas analíticas que permitirían realizar el seguimiento y análisis de la evolución del proyecto.

Desde entonces, el estero ha recuperado su sistema de humedal con todo lo que ello conlleva como la reaparición de diversas especies de mangle, como el mangle rojo, el negro, el mangle botoncillo, gran cantidad de peces y especies típicas del ecosistema como cocodrilos, iguanas, garzas o grullas, entre otras.

“La rehabilitación ecológica de este estuario no tiene precedente como experiencia de reconstrucción de ecosistema de humedal” asegura un informe elaborado por la Secretaria (Ministerio) de Medio Ambiente de México y publicado unos años después del inicio de estas tareas de recuperación.

El informe oficial afirma que el proyecto “es un ejemplo de trabajo interinstitucional conjunto a favor de la conservación de un ecosistema relevante en la zona de influencia del Puerto de Altamira, teniendo como tela de fondo un esquema de sostenibilidad”.

La Comisión Nacional Forestal de México (Conafor) calcula que entre el 80 y 90 por ciento de las pesquerías del Golfo de México dependen del manglar en uno o más de sus ciclos de vida. También son áreas de anidación y alimentación de muchas especies de aves costeras y sus raíces sirven de sustrato para especies de moluscos utilizadas comercialmente.

Juan Pablo Olvera, jefe de Seguridad, Salud y Medio Ambiente de la Central Altamira III y IV y uno de los encargados de monitorear la evolución de este proyecto, explica que una gran parte de las especies que hoy habitan los mares tuvo su origen en un hábitat de manglar.

“El mangle es además un filtro y un pulmón natural ya que absorbe gases como el CO2 y es capaz de filtrar agua con contaminantes, incluso con metales pesados”, destaca Olvera, quien afirma sentirse muy orgulloso de que la empresa en la que trabaja se comprometa con un proyecto como el de este estero.